
Miércoles 17 de mayo de 2023
Han pasado nueve años, desde aquel 2014, cuando un joven de 19 años ingresó al Seminario de la orden Carmelita Virgen de Fátima en la ciudad de La Paz. Él, como todos los que entraron ahí, ingresó con la idea de servir a Dios y al prójimo, pero para él ese año “fue un infierno” porque el sacerdote Milton Murillo abusó de él.
“Cuando ingresé, escuché muchas cosas, pero no le di importancia, al final eran sólo rumores”, recuerda el seminarista que prefirió guardar su nombre en reserva. Sin embargo, relató a Página Siete que a medida que pasaron los días él descubrió todo lo que ocurría en ese lugar.
La Fiscalía detuvo este miércoles al sacerdote Murillo, actual párroco de la iglesia de San Roque. Fue llevado a la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv) donde debe declarar.
“Ahí había un sinfín de abusos de poder, psicológico y sexual de parte del superior de esa casa, Milton Murillo”, afirmó el exseminarista tras resaltar que por eso “el año que estuve ahí fue un infierno para mí”.
Relató que Murillo siempre se acercaba a los jóvenes para preguntarles si él les revisaría su cuerpo o un médico.
“En una de esas se me acercó y me dijo lo mismo. ‘Te haces revisar conmigo o con un médico’. Y como yo era muy seguro de mi masculinidad, no tuve problema en que me revise él, claro, tuve vergüenza”, contó.
Aseguró que eso pasó después de la misa de las 07:00. “Se me atravesó y me dijo ‘qué vas a hacer, revisarte conmigo o vas a ir al médico”, a lo que él respondió “Voy a ir al médico”.
Sin embargo, Murillo insistió para que él le revise. “Es un ratito nada más”, le dijo y como él no quería, el sacerdote se comenzó a alterar y le dijo “ven un ratito, apura”.
“Entró a mi habitación, se sienta en mi cama, me bajó los pantalones y comenzó a tocarme con sus dos manos”, relató.
Aseguró que él en ese momento no supo qué hacer, porque Murillo “era el formador- como le llamaban- o jefe de la casa”.
Resaltó que como era el administrador o superior todos debían obedecerle ya que de lo contrario él podía sacarlos, pues era quien decidía “quién se va o quién se queda”.
Esa era la razón para que todos los seminaristas le rindan reverencia. “Su informe era tajante y con él se podía sacar a los que estaban internados. Por eso él se inventaba cosas como que no se cumplen las órdenes, que uno es rebelde o maleducado, con el fin de que se vaya alguien que no era de su agrado”.
Por eso, el exseminarista relató que si uno quería ser sacerdote “debía estar adecuado a las normas y a los caprichos de Murillo”.
Acotó que él no fue la única víctima, pues vio que otro seminarista de 17 años también fue abusado de la misma forma.
“Qué infierno vivi ahí”, dijo tras remarcar que al concluir ese año, Murillo lo invitó a continuar la siguiente gestión. “’Sí, volveré’, le dije, pero no volví más”.
Aseguró que algunos de los seminaristas lograron armarse de valor y contarle a su superior, Garvin Grech. “Le informamos hasta por escrito y hablamos personalmente con él”, pero lo único que hizo fue hablar con su superior que estaba en Malta. El nos llamó por teléfono para que le contemos y nos respondió ‘muchas gracias’, pero no se hizo nada”.
Acotó que lo único que atinó a decir Grech fue “ojalá me perdones”. “Por eso dije ‘mejor no’, yo tenía trabajo y me salí. Todo eso me decepcionó completamente”.
De acuerdo con un reporte de Página Siete del lunes se conoce que Murillo tuvo más de 30 víctimas.
El exseminarista remarcó que algunos de ellos incluso intentaron suicidarse y otros se dedicaron a la bebida. “Fue muy duro para nosotros”.
El caso aparentemente estaba en el olvido, pero tras el caso de pederastia que se conoció del padre Alfonso Pedrajas, el cual relató que violó a al menos 85 niños, las víctimas de otros sacerdotes comenzaron a elevar su voz.
El exseminarista contó que ya lo convocó la Fiscalía. “Voy a declarar para que de una vez haya justicia para todos nosotros”, dijo.
Tomado de Página Siete

