
Lunes 17 de noviembre de 2025 / Redaccion Central- INFOMEDIA
La historia reciente de Bolivia se lee como una novela de extremos: pasamos de la euforia de la bonanza económica más grande que recuerde el país a la cruda realidad de una crisis donde las reservas se agotan. Esta semana, el nuevo presidente, Rodrigo Paz, no se anduvo con rodeos al describir el Estado que recibió: «una cloaca». Esta palabra, fuerte y dura, resume la sensación de desfalco y desorden que hoy se siente en el bolsillo de todos los bolivianos.
Pero, ¿cómo se llegó a esto? El problema está en la cosecha, la siembra y el banquete que se sirvió en medio.
El Cuento del Milagro: La Cosecha Neoliberal en Manos Estatales
Para entender el «milagro» de crecimiento bajo el gobierno de Evo Morales (2006-2014) y el MAS, hay que remontarse a una etapa odiada por el «Proceso de Cambio»: el Neoliberalismo de los años 90.
Durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni), se firmaron contratos de hidrocarburos y se impulsó la Ley de Hidrocarburos (previo a la «nacionalización»). Estos acuerdos, que entonces eran parte de la lógica del Consenso de Washington (apertura, privatización), sentaron las bases para la explotación masiva de gas.
La genialidad (o la suerte) del gobierno de Morales fue que llegó al poder justo cuando estos contratos, combinados con los precios internacionales del gas que se dispararon a niveles récord, comenzaron a generar ingresos masivos. El Estado boliviano, tras la nacionalización de 2006, modificó la distribución, elevando el porcentaje de renta que iba a las arcas públicas.
Dicho en palabras más claras “El dinero no fue el fruto mágico del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, fue, el fruto coincidente de la siembra del anterior gobierno, en un período Neoliberal, reforzada por un shock externo de precios altos a nivel internacional.
Bolivia, o debo decir el gobierno del MAS, se sentó en un banquete que no había preparado solo, pero cuyos frutos cosechó en un periodo donde la bonanza era visible para el ciudadano común; es en ese sentido, la idea del milagro económico en manos del MAS fue la que se impartió a la población boliviana, para hacer creer que EVO Morales y el MAS fueron los artífices de todo, con una suerte tal, que la economía del país era estable durante ese periodo.
Del Banquete Mal Servido a la Corrupción
La gran virtud de la bonanza fue que el dinero, por primera vez, se destinó a la redistribución social. Se crearon bonos y se aumentó la inversión pública, sacando a millones de personas de la pobreza extrema, un éxito innegable. La economía creció a ritmos de 5% anual, algo que no se veía antes.
Pero en el mismo momento en que el dinero fluía a torrentes, ocurrió lo más desastroso: la explotación desmedida de recursos no se reinvirtió en explorar nuevas reservas (un fallo clásico del modelo rentista), y se abrieron las compuertas a la corrupción y el desfalco (características propias de la explotación de los recursos naturales en Latinoamérica).
Mientras el Estado se hinchaba con la renta del gas, los controles internos se relajaron. Casos como el desfalco millonario en el Banco Unión, el Fondo Indígena o los malos manejos en empresas estatales como YPFB, demostraron que ese «nuevo Estado» se había convertido en una «caja chica» para intereses particulares. La corrupción se instaló en todas partes.
En el lenguaje de las corrientes económicas, el modelo de «Nuevo Desarrollismo» boliviano fracasó en su objetivo de diversificación productiva, quedando atrapado en la vieja «Maldición de los Recursos Naturales», donde el dinero fácil de la renta es devorado por el gasto corriente y la corrupción, sin crear un motor económico alternativo.
Cuando los precios del gas cayeron drásticamente a partir de 2014, la fiesta terminó. Bolivia se quedó sin un plan B, sin nuevas reservas y con un déficit fiscal enorme, drenado por la corrupción pasada, solo mencionada y no castigada. Ni que decir de la recuperación de lo robado en favor del estado, investigaciones que quedaron en nada.
La Herencia de la Miseria y el Nuevo Desafío de Rodrigo Paz
Hoy, la pobreza que combate el gobierno de Rodrigo Paz es el resultado directo de ese contraste histórico. La pobreza social que se logró reducir con los ingresos de la bonanza, ahora se ve amenazada por una pobreza estructural causada por el agotamiento del gas y el vacío de las arcas.
El Estado que Paz define como una «cloaca» y no solo un estado “tranca” como calificaba al gobierno antes de asumir el poder, es el símbolo de la factura que se le pasa al país: la cuenta de haber recibido riqueza a manos llenas y haberlo gastado sin visión de futuro, permitiendo que la corrupción se instalara en el corazón de la administración pública y trepara a todos sus rincones nos deja con una herencia de miseria, fruto del despilfarro y la explotación desmedida que coincidió con nuestros años de mayor riqueza.
Nos han robado «el futuro» “Con el dolor personal, esto es una cloaca, es una cloaca de dimensiones extraordinarias. Lo que nos han dejado no tiene ni el valor de llamarlo Estado tranca”, dijo el presidente Rodrigo Paz, reprochó durante un acto realizado en el hall de Palacio Quemado, haciendo ver que el país está en su peor momento
Mientras el país crecía al 5% y las arcas se inflaban, los controles se relajaron, creando la «cloaca» denunciada por Paz. La denuncia de $15.000 millones en desfalco no es solo un titular de policial, es la razón por la que hoy el Estado está sin dinero y con un déficit fiscal cercano al 10% del PIB`
GRAFICO
El siguiente cuadro resume el proceso económico y la deuda que hoy pagamos:
| Periodo Económico | La Riqueza (Macro) | La Deuda (Micro) |
| Bonanza (2006-2014) | Éxito Redistributivo: Gran reducción de la pobreza y estabilidad económica artificial (fijación del tipo de cambio). | Fallo Productivo: La renta no se usó para la diversificación real. El Estado se hizo rentista y dependiente. |
| Crisis (2015-2025) | Agotamiento de Reservas: Los precios caen y no hay nuevas reservas de gas por falta de inversión exploratoria. | Explosión de Corrupción: El Estado inflado y la ausencia de transparencia (la «cloaca») permitieron el desfalco. |
El país enfrenta la peor crisis en 40 años: escasez de combustibles (que requiere $3.000 millones anuales en importaciones), una inflación del 18.33% y un dólar paralelo que duplica el cambio oficial.
El presidente Paz, al denunciar el vaciado de recursos por la administración anterior (Luis Arce, 2020-2025), tiene la tarea monumental de aplicar un ajuste macroeconómico doloroso y, a la vez, sanear la «cloaca» del Estado.
Los $15.000 millones robados son el capital que no está disponible hoy para estabilizar el dólar, financiar la exploración de gas o detener la escalada inflacionaria que golpea el bolsillo del ciudadano común. La miseria actual no es solo resultado de la caída de los precios, sino de haber permitido que, en los años de mayor riqueza, la corrupción se llevara una parte de nuestro futuro. Es una lección histórica brutal sobre cómo los grandes ingresos, sin transparencia ni visión productiva, solo siembran el caos.
¿Quién paga la cuenta?
Hoy, la factura la paga el ciudadano de a pie. Paz heredó una economía en llamas con un déficit fiscal del 10.2% del PIB y una deuda pública que se acerca al 90% del PIB, una inflación acumulada de 18.33% que devora el salario., el colapso en la venta de gas ha secado la fuente de divisas, haciendo que el precio en el mercado paralelo duplique el oficial y a ello se debe sumar, que el Estado gasta $3.000 millones anuales solo para subsidiar la gasolina y el diésel, un gasto insostenible que vacía las últimas reservas.
Resolver este último punto será sin duda una de las medidas prioritarias a ejecutar por el actual gobierno, medida necesaria e inevitable. Levantar la subvención de golpe “shock” o hacerla gradualmente.
En términos de microeconomía social, esta crisis la está amortiguando la gente más pobre, las vendedoras en los mercados, las amas de casa en los hogares, los comerciantes elevando el grueso del comercio informal,
El desafío de Paz es doble y titánico: debe aplicar un ajuste macroeconómico urgente y, simultáneamente, desmantelar esa «cloaca». La miseria actual no es un accidente de mercado, es el resultado directo de la corrupción estructural que se comió el futuro de Bolivia, un mal que lamenta lente afecta a los países latinoamericanos, con recursos naturales gigantes pero con una muy mala administración publica y corrupción.

